
A veces los ciudadanos se quedan perplejos porque obras necesarias de todos conocidas no se afrontan y de repente se puede ver la ciudad abierta y rota en múltiples puntos del espacio público, como si fueran elecciones municipales. La peatonalización en muchas ciudades con casco histórico ha llegado al límite. No se puede peatonalizar más sin penalizar a la economía de la ciudad. No se puede peatonalizar perjudicando en primer lugar a los vecinos del barrio. Lo absurdo es que una calle que funciona como peatonal se realicen obras que duran más de seis meses y esta circunstancia junto al SAR-COV-2 ha provocado el cierre de la totalidad de los negocios y mandar a un erte, ere y paro, a la mayoría de los trabajadores. Todo para que una calle que funcionaba como peatonal se puede “nombra” peatonal. Hay que recordar que en esta calle tendrán que entrar los vecinos con garaje o plaza de aparcamiento y los camiones repartidores que suministran a bares y restaurantes. Llenarán la calle de bolardos para cumplir la ordenanza municipal y las normas que obligan a que en una calle que haya tráfico rodado, tengan que tener acerados y/o bolardos, como ya ocurrió en el recinto de la Cartuja que era 100% accesible durante la EXPO92?.

