Antonio Rendón . La Real, Muy Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santo Entierro de Cristo en su Misericordia y Nuestra Señora de los Dolores en su Soledad Coronada, de la ribereña localidad sevillana de Alcalá del Río, ha celebrado con la solemnidad que le es propia el tradicional acto del Descendimiento de Cristo, una de las manifestaciones más singulares y de mayor profundidad simbólica de su patrimonio devocional.
Este rito, de raíces medievales y honda significación teológica, tiene lugar cada año en la medianoche del Sábado Santo en la Iglesia Parroquial de Iglesia de Santa María de la Asunción. En el presbiterio del templo se desarrolla la escenificación litúrgica del descendimiento del Señor de la Misericordia, que es desclavado de la cruz por los denominados Santos Varones, en representación de José de Arimatea y Nicodemo, figuras evangélicas vinculadas al sepelio de Cristo según la tradición cristiana.
El cuerpo de Cristo es presentado a las Santas Mujeres ,encarnadas cada año por jóvenes de la localidad, y a su Santísima Madre, Nuestra Señora de los Dolores en su Soledad Coronada, en un ceremonial que se desarrolla en presencia de la escuadra de romanos, conocidos popularmente como “armaos”, cuyos ricos uniformes bordados en oro sobre terciopelo burdeos constituyen uno de los elementos más distintivos de la celebración. Concluido el descendimiento, se dispone el traslado del cuerpo al sepulcro, en un ambiente de recogimiento y sobrecogedora belleza plástica.
La imagen yacente del Señor de la Misericordia, titular de la corporación, es una obra anónima del siglo XVI realizada en pasta de madera, de notable valor histórico y artístico. Presenta la singularidad de poseer brazos articulados, lo que permite su disposición tanto en la cruz como en posición yacente, adaptándose así a las necesidades escénicas del rito. Su cuidada anatomía refleja con verismo los signos del rigor mortis ,pómulos marcados, tórax elevado, vientre hundido y expresión facial de serena extenuación,, acentuados por la incorporación de cabello natural, recurso que intensifica su realismo devocional.
Tras la celebración del Descendimiento, da comienzo la procesión de regreso de la hermandad a su sede canónica, la Real Ermita de San Gregorio de Osset, poniendo así el broche final a una ceremonia que, por su antigüedad, simbolismo y valor etnográfico, constituye uno de los hitos más relevantes de la Semana Santa ilipense
Fotografía: Antonio Rendón Domínguez
