Antonio Rendón . Hay pueblos que conservan su historia en documentos, archivos y monumentos; y hay otros que, además, la custodian en el corazón de sus devociones. Alcalá del Río pertenece, sin duda, a estos últimos. Su identidad colectiva no puede comprenderse plenamente sin la presencia maternal de la Santísima Virgen de las Angustias, cuya veneración secular ha atravesado generaciones hasta convertirse en una de las expresiones más profundas y arraigadas del patrimonio espiritual de la localidad.

Desde tiempos remotos, la devoción a la Virgen de las Angustias fue arraigando en el alma de esta villa hasta adquirir una dimensión que trasciende el ámbito estrictamente religioso para formar parte de su propia memoria colectiva. No se trata de una devoción circunstancial, sino de un legado transmitido de generación en generación, una herencia espiritual recibida de los mayores y entregada, con renovada fidelidad, a quienes han de continuarla.

Ante Ella se han postrado generaciones de cruceros. A sus plantas se han depositado alegrías y desventuras, súplicas y agradecimientos, promesas y silencios. En su mirada han buscado consuelo quienes conocieron el dolor y esperanza quienes atravesaron momentos de incertidumbre. De este modo, con el transcurso de los siglos, la Virgen de las Angustias ha ocupado un lugar singular en la vida de Alcalá del Río: el de aquellas realidades que, por formar parte de la memoria afectiva y espiritual de un pueblo, permanecen más allá del paso del tiempo.

Ser crucero significa también aprender a amar a María. No únicamente en la solemnidad de los cultos, en las celebraciones litúrgicas o en la majestad de sus salidas procesionales, sino también en la intimidad de una oración, en el recuerdo de quienes nos precedieron o en la emoción de quien contempla su rostro y descubre en él una parte inseparable de su propia historia.

Ese sentimiento colectivo alcanzó una de sus expresiones más solemnes en 1971, cuando Alcalá del Río vivió uno de los acontecimientos más significativos de su historia devocional. Ante la emoción de sus hijos, el Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal José María Bueno Monreal impuso sobre las sienes de la Santísima Virgen de las Angustias la corona que habría de hacer visible, ante la Iglesia y ante la propia comunidad, la singular importancia de una devoción secular profundamente arraigada en el pueblo crucero.

Aquella Corona trascendió su propia condición material. Se convirtió en expresión visible de un sentimiento colectivo, en símbolo de una historia de fe y en manifestación solemne de la profunda vinculación existente entre la Virgen y las generaciones de Alcalá del Río.

Porque María ya era Reina antes de que la Corona reposara sobre sus sienes.

Lo era en cada hogar donde su nombre era pronunciado con veneración; en cada oración elevada ante su altar; en cada generación que recibió de sus mayores la encomienda de conservar y transmitir esta devoción. Lo era entonces y lo continúa siendo hoy en el corazón de los cruceros.

Una imagen en la que convergen arte, historia y devoción

Si la historia ha sabido custodiar su devoción, el arte ha contribuido igualmente a perpetuar su belleza.

La Santísima Virgen de las Angustias constituye, por sus valores artísticos y devocionales, una de las expresiones más significativas del patrimonio religioso de Alcalá del Río. En la nobleza de sus facciones, en la serenidad de su expresión y en la delicadeza de su presencia se encuentran elementos que han suscitado, generación tras generación, la admiración y la veneración de cuantos se han acercado a Ella.

Pero existen bellezas que no pueden comprenderse únicamente desde la contemplación artística.

La belleza de la Virgen de las Angustias alcanza una dimensión diferente cuando su rostro se encuentra con la mirada de un crucero. En ese instante, la obra artística trasciende la materia para convertirse en memoria, emoción y plegaria. La imagen deja de ser únicamente contemplada para ser venerada; deja de ser solamente admirada para convertirse en objeto de un amor que hunde sus raíces en la historia personal y colectiva de un pueblo.

Y de ese amor nace también el servicio.

La auténtica devoción mariana no puede permanecer ajena a las necesidades del prójimo. La Virgen que recibe las plegarias de sus hijos invita también a mirar al hermano y a transformar la fe en caridad. De ahí que la dimensión social vinculada a su nombre constituya una de las manifestaciones más valiosas de esta devoción: ayudar, acompañar, atender necesidades y ofrecer esperanza a quienes más lo necesitan.

De este modo, la Virgen de las Angustias continúa coronando no solo las sienes de una imagen venerada, sino también la vida de quienes encuentran en Ella un estímulo para el servicio, la fraternidad y la entrega.

LV aniversario de la Coronación

Cincuenta y cinco años después de aquella histórica Coronación, Alcalá del Río vuelve a detener su mirada ante la Santísima Virgen de las Angustias.

La conmemoración del LV aniversario de su Coronación constituye una oportunidad para volver la mirada hacia aquel acontecimiento de 1971, pero también para reconocer la vigencia de una devoción que continúa formando parte esencial de la identidad espiritual de la Hermandad de la Vera-Cruz y de la propia localidad.

Al contemplar hoy la Corona que ciñe sus sienes, resulta inevitable evocar a quienes estuvieron presentes en aquella jornada. A nuestros mayores, a tantos cruceros que ya no caminan entre nosotros y que, sin embargo, permanecen vivos en la memoria de esta devoción.

Ellos enseñaron a quererla.

Enseñaron que la Virgen no se posee, sino que se recibe; que no se hereda únicamente una imagen, sino también una forma de vivir y comprender la fe; y que cada generación de cruceros es depositaria de un legado que debe conservar, enriquecer y transmitir a quienes vendrán después.

Por ello, este LV aniversario no constituye únicamente una mirada hacia el pasado. Es también una afirmación de fe en el presente y un compromiso con el futuro.

Porque mientras exista una voz que la invoque, una mano que encienda una vela ante Ella, un corazón que se conmueva al contemplar su rostro o un crucero que enseñe a sus hijos a pronunciar con veneración el nombre de María, la Virgen de las Angustias continuará reinando en Alcalá del Río.

Y cuando el tiempo haya añadido nuevos años a esta historia y quienes hoy contemplamos su Corona seamos únicamente recuerdo, permanecerá Ella.

Ella, siempre Ella.

La Madre del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz.

La Madre de las Angustias.